Coronavirus - Prevención

La insuficiencia de esta medida para contener el virus alienta los bulos y crea tensiones en la atención primaria.

 

Una pregunta sobrevuela desde hace varias semanas los foros de debate y los análisis sobre la situación de la pandemia del coronavirus en España: ¿por qué siguen creciendo las cifras de contagio si somos uno de los países donde el uso de la mascarilla está más extendido y más conciencia ciudadana hay sobre la necesidad de mantener la distancia física y cumplir con las medidas de higiene?.

Los pocos españoles que se han ido de vacaciones o residen fuera de nuestras fronteras muestran su perplejidad a través de las redes sociales por la laxitud de las normativas en los territorios de nuestro entorno. “Aquí casi nadie lleva mascarilla por la calle y los números no dejan de bajar. Algo no me cuadra”. Mensajes de este tipo, transmitidos desde el Reino Unido, Francia, Portugal y todas las naciones del norte de Europa, se repiten con insistencia en plataformas digitales y en las crónicas internacionales de los noticiarios.

Restricciones para viajar a España.

Sin embargo, son estos mismos países –prácticamente todos los de la zona Schengen, y algunos otros más lejanos- los que establecen restricciones para viajar a determinadas zonas de España. Y son recomendaciones lógicas, porque nuestros datos son los peores de Europa. La cuestión que las autoridades sanitarias no saben responder es qué estamos haciendo mal.

¿Cuando es realmente eficaz la mascarilla?.

El genetista e investigador Salvador Macip, residente en Leicester (Reino Unido) atribuye los rebrotes a un conjunto de factores de carácter social, económico y político que nos distinguen de nuestros vecinos. “Llevar la mascarilla por la calle es una buena idea porque contribuye a que los ciudadanos se acostumbren a usarla. Pero es en espacios cerrados llenos de gente donde realmente es eficaz. Si la llevamos al aire libre pero nos la quitamos en situaciones de riesgo, al entrar en domicilios o recintos públicos, estamos realizando un esfuerzo bastante inútil”, argumenta.

Nuestras costumbres sociales juegan un papel relevante en la propagación del virus. Las principales fuentes de contagio son las reuniones familiares y de amigos. “Y en España, durante el verano, tendemos a socializar mucho, especialmente los jóvenes, que son los que menos se ponen la mascarilla”, razona Macip, autor del libro ‘Las grandes epidemias modernas’.

No culpabilizar a los ciudadanos.

Pero si en algo coinciden todos los expertos es en no culpabilizar a los ciudadanos de la actual situación. “El confinamiento se hizo muy bien. España controló más rápidamente que otros países la primera ola de la epidemia porque la gente cumplió escrupulosamente las normas”, destaca el médico.

El problema fue la gestión posterior. “La desescalada fue precipitada. Por temor que se hundiera más la economía se quiso reactivar el turismo enseguida para no perder la temporada, lo que produjo más movilidad. Se habló de la nueva normalidad, trasladando un mensaje de relajación que ha sido contraproducente. En una crisis sanitaria de esta magnitud no se puede nadar y guardar la ropa”, opina Macip.

Tampoco hubo prevención. Se sabía que habría un repunte pero se confió en que éste era un virus estacional y que la situación permanecería tranquila hasta el otoño. No había una respuesta preparada para una oleada de rebrotes: ni suficientes tests, ni rastreadores ni la posibilidad de confinar a la población.

Organización Política del Territorio.

Y es que la organización política del territorio tampoco ayuda. “En el Reino Unido se hizo todo muy mal desde el principio, peor que en España. Pero una vez estabilizada la situación, en Leicester hubo un rebrote que se originó en los talleres textiles, donde las condiciones de los trabajadores son parecidas a las de algunos temporeros en España. A diferencia de Lleida o Aragón se decretó rápidamente el confinamiento porque había mecanismos políticos para hacerlo. En España no ocurre eso”, explica el investigador.

Los bulos.

La ineficaz gestión política de la pandemia ha dado alas a los propagadores de otro tipo de virus, los bulos. A finales de julio se presentó en Madrid la plataforma ‘Médicos por la verdad’. En su puesta en escena, defendieron que la mascarilla puede generar enfermedades respiratorias, entre otras muchas falsedades. “Son grupos que difunden mensajes que apelan a nuestras emociones, y por eso se viralizan más”, explica Alexandre López Borrull profesor de comunicación de la UOC. “Como hace calor y la mascarilla agobia, lo que tú quieres oír es que no sirve para nada. Y esa idea es la que circula”, razona.

Los creadores de fake news sanitarias se aprovechan además de las contradicciones de las instituciones. Si el peor momento de la emergencia sanitaria no eran obligatorias -por una pura cuestión logística, no habían para todos-, ¿por qué llevarlas ahora? “Son colectivos libertarios que por defecto se posicionan en contra de la información oficial y científica y se presentan como una alternativa al sistema público de salud. Y en épocas de incertidumbre, sus mensajes calan más. Cuando haya una vacuna intentarán seguir creando desconfianza, porque su discurso parte de la idea que nos hemos vendido a las farmacéuticas”, augura el experto en el estudio de la desinformación.

Campaña saturar el sistema sanitario.

Esta propensión a crear suspicacias entre la población tiene algunas consecuencias perversas. El Colegio de Médicos de Bizkaia denunció hace unas semanas la existencia de una campaña «perfectamente orquestada» para saturar el sistema sanitario con reclamaciones contra ellos por no autorizar la exención del uso de la mascarilla a personas que no tienen ninguna patología que lo justifique. No es un caso único en España. Varios médicos de atención primaria han sufrido acoso por parte de pacientes que exigen este tipo de certificados.

Médicos de Familia.

Los médicos de familia lamentan que son víctimas de la ambigüedad de la norma. El artículo 6.2 del Real Decreto de medidas urgentes ante la pandemia explicita que la obligación de la mascarilla “no será exigible para las personas que presenten algún tipo de enfermedad o dificultad respiratoria que pueda verse agravada por el uso de la mascarilla”. “La redacción nos deja vendidos”, se queja una doctora de un centro de atención primaria del distrito de Nou Barris, en Barcelona. “¿Qué hacemos si viene un paciente con una enfermedad pulmonar obstructiva crónica? Suelen ser personas de edad avanzada, los que más se han de proteger del virus ¿Les eximimos de llevar mascarilla? Si lo hacemos y se contagian, ¿de quién es la responsabilidad?”, se pregunta.

Aunque reconoce que las consultas sobre esta cuestión son escasas –“y van a la baja, eran más frecuentes los días posteriores a que saliera el BOE”- ella es una de las que ha sufrido insultos por negarse a facilitar un certificado a una paciente. “Vino varias veces a pedírmelo. Decía que la mascarilla le creaba ansiedad y mareos, que se ahogaba. Pero no tenía ninguna patología, así que denegué su petición. La última vez se comportó de manera muy agresiva, saltándose todos los protocolos, insultando. Tuvo que intervenir la dirección del centro”, narra.

Mensajes contradictorios.

Una vez más, no ayudan los mensajes contradictorios. En algunas comunidades como Castilla y León no hace falta ningún justificante médico para prescindir de la mascarilla. Basta con una declaración responsable firmada por la propia persona o por sus tutores legales. “No dudo que el uso de la mascarilla sea angustioso para algunas personas. Yo también la llevo todo el día, y me incomoda. Pero nuestro trabajo es mejorar la salud de las personas, no decidir quién ha de llevar mascarilla y quién no. Y mucho menos soportar amenazas”, concluye la médico de familia.

 

Prevención – Vídeo: ¿Si usamos mascarillas, frenaremos la pandemia?.

 

Fuente: La Vanguardia – CNN.
Tema: Riesgos Laborales
Precoin Prevención SL
(Bilbao – Bizkaia)

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