Prevención

Uno de cada cinco conductores lleva un atuendo inadecuado durante los meses de más frío.

Invierno, 8 de la mañana, un par de grados en la calle y el coche como un témpano. Ninguna prenda estorba: abrigo, guantes, gorro, bufanda… Pero ¿conducimos de forma segura con todas estas capas? La respuesta es sencilla y categórica: no.

Un estudio del Comisariado Europeo del Automóvil constató que uno de cada cinco conductores no se quita el abrigo para coger el coche. Y eso es arriesgado. No obstante, casi el 96% de las personas encuestabas consideraba que su ropa era la más adecuada, obviando las limitaciones que conllevan ponerse al volante con prendas poco adecuadas.

Entonces, ¿cómo debemos vestir dentro del coche? ¿Qué complementos debemos dejar en el asiento trasero y cuáles son los idóneos para conducir de forma responsable?.

Qué ropa debemos evitar?.

La primera y más evidente, el abrigo. Da igual que sea de paño, de plumas o de cualquier otro tejido. El grosor adicional que nos aporta, primero, resta capacidad al cinturón de seguridad. Ese exceso de holgura puede provocar que, en caso de accidente, el sistema de retención no actúe con toda su potencia y nuestro cuerpo describa una mayor trayectoria que nos puede acercar demasiado al volante.

Además, resulta evidente que los abrigos restan libertad de movimiento y nos impiden reaccionar correctamente en caso de emergencia.

También hay que desprenderse de bufandas, gorros y guantes. Las primeras harán que nuestra cabeza tampoco pueda describir movimientos amplios; los segundos, tal vez cubran nuestras orejas y nos mermen el nivel de audición (lo cual está prohibido) y los terceros, a no ser que estén pensados para conducir, nos restarán capacidad de sujeción al volante y al cambio de marchas.

Todo en invierno es más pesado y aparatoso. También el calzado. Determinadas botas o zapatos pensados para proteger nuestros pies del frío son demasiado rígidos y, además de hacernos perder el contacto con los pedales, entorpecerán nuestros movimientos.

Qué ropa debemos llevar.

En sustitución del abrigo, camisetas térmicas. Su adherencia al cuerpo nos mantendrá calientes y su flexibilidad las convierten en la prenda más apta para conducir libremente.

En cuanto al calzado, es conveniente contar con un par de zapatos o zapatillas pensados para llevar únicamente dentro del coche. Nadie pide que salgamos a la calle con calzado de primavera y verano durante todo el año, pero dedicar un par de minutos a ponernos unos zapatos más cómodos y flexibles hará mucho por nuestra seguridad.

La vestimenta de los niños.

No queremos que pasen frío y pillen un constipado, pero hacemos un flaco favor a nuestros hijos si los montamos en su sillita como si fuera una cebolla. Del mismo modo que un abrigo grueso resta potencia al cinturón de seguridad, un exceso de capas hará que los sistemas de sujeción no se ajusten por completo a su cuerpo. ¿Solución? Quitar el abrigo y utilizarlo como una manta. Mismo calor y más seguridad.

La temperatura del coche.

El mismo estudio de la Fundación CEA establece como límite saludable los 23 grados dentro del habitáculo. Sin embargo, un 6,8% de los conductores circula con una temperatura superior a los 24 grados. No es necesario y, además, el excesivo calor nos puede llegar a adormecer en determinados momentos del día.

Por eso conviene, antes de arrancar, esperar unos minutos a que el habitáculo se caldee y alcance ese límite saludable de los 20 o 22 grados para terminar llegando a los 23, pero sin rebasar esa marca.

En definitiva, no hace falta pasar frío para conducir seguro, pero tampoco hay que convertir el coche en una sauna. El Reglamento General de Circulación no contempla ninguna prohibición, sí establece que “el conductor está obligado a mantener su propia libertad de movimiento y el campo necesario de visión”.

Fuente: El Motor.